El Pantocrator, una nueva manera de comprender el arte

Ximena Gutierrez Escrito por 

El museo como lo conocemos ha sido una institución que se encarga de adquirir, proteger y dar a conocer sus propias colecciones. Es un templo del conocimiento donde el espectador que entra espera vivir una experiencia mística frente a la obra. Este tipo de museología plantea un diálogo unilateral donde la pieza tiene un conocimiento inamovible frente a un espectador pasivo que se limita a aprehender el discurso del museo que visita.


Poco a poco han ido cambiando las relaciones entre el museo y el visitante. El mejor ejemplo ha sido la iglesia de San Clemente de Tahull. Esta iglesia contenía una de las pinturas murales más importantes del arte románico catalán: el Pantocrátor pintado en el ábside central de la iglesia.


A principios del siglo XX, obtener este Pantocrátor fue el propósito de varios coleccionistas extranjeros que amenazaban con la expoliación de obras del territorio catalán. Por esta razón, con el objetivo de custodiar el patrimonio, este mural fue trasladado en 1934 al Museo Nacional de arte de Cataluña.

Debido a la ausencia del Pantocrator original y a la degradación de la copia que lo reemplazaba, se decidió crear un mapping que reviviera la pintura mural en su totalidad. Tras largas investigaciones de cómo fue pintado el fresco se creó una animación que por pasos explica cómo se desarrolló el mural y su iconografía. Este proyecto audiovisual está hecho a escala y va acompañado de música que alude a la época.


Este proyecto no es solo una producción audiovisual muy bien hecha sino que también es una nueva alternativa para entender una obra de arte. Demuestra que la obra no necesariamente se debe percibir como un todo, finalizada y colgada en una pared a la cual no nos podemos acercar demasiado. Por el contrario, le da la posibilidad al espectador de hacer nuevas lecturas de la obra.



Por lo tanto, contrario a Walter Benjamin, considero que la “pérdida del aura” de la obra no siempre empobrece la experiencia del espectador. Todo lo contrario, como es mostrado anteriormente, la copia puede crear una experiencia aún más profunda y sublime que el objeto original. 

El Pantocrator, una nueva manera de comprender el arte Cristo en majestad románico, el equivalente occidental, en San Clemente de Tahull, Cataluña, España.

El museo como lo conocemos ha sido una institución que se encarga de adquirir, proteger y dar a conocer sus propias colecciones. Es un templo del conocimiento donde el espectador que entra espera vivir una experiencia mística frente a la obra. Este tipo de museología plantea un diálogo unilateral donde la pieza tiene un conocimiento inamovible frente a un espectador pasivo que se limita a aprehender el discurso del museo que visita.


Poco a poco han ido cambiando las relaciones entre el museo y el visitante. El mejor ejemplo ha sido la iglesia de San Clemente de Tahull. Esta iglesia contenía una de las pinturas murales más importantes del arte románico catalán: el Pantocrátor pintado en el ábside central de la iglesia.


A principios del siglo XX, obtener este Pantocrátor fue el propósito de varios coleccionistas extranjeros que amenazaban con la expoliación de obras del territorio catalán. Por esta razón, con el objetivo de custodiar el patrimonio, este mural fue trasladado en 1934 al Museo Nacional de arte de Cataluña.

Debido a la ausencia del Pantocrator original y a la degradación de la copia que lo reemplazaba, se decidió crear un mapping que reviviera la pintura mural en su totalidad. Tras largas investigaciones de cómo fue pintado el fresco se creó una animación que por pasos explica cómo se desarrolló el mural y su iconografía. Este proyecto audiovisual está hecho a escala y va acompañado de música que alude a la época.


Este proyecto no es solo una producción audiovisual muy bien hecha sino que también es una nueva alternativa para entender una obra de arte. Demuestra que la obra no necesariamente se debe percibir como un todo, finalizada y colgada en una pared a la cual no nos podemos acercar demasiado. Por el contrario, le da la posibilidad al espectador de hacer nuevas lecturas de la obra.



Por lo tanto, contrario a Walter Benjamin, considero que la “pérdida del aura” de la obra no siempre empobrece la experiencia del espectador. Todo lo contrario, como es mostrado anteriormente, la copia puede crear una experiencia aún más profunda y sublime que el objeto original. 

Medios

Ximena Gutierrez

Artista visual interesada en el dibujo, la ilustración, la fotografía y la pintura.

Sitio Web: https://www.behance.net/xiguto

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