El elefante, el búho y los mil y un puntos de Alejandra Campo

Juan José Heredia Escrito por 
La precisión en el manejo del pincel y la pluma, van marcando uno a uno, los centenares de puntos que poco a poco y sucesivamente conforman una danza difusa, un patrón infinitesimal, una mancha escueta que hace catarsis para dar origen a un ojo, una trompa y un pie, para alcanzar la totalidad y construir una imagen. En este caso, un elefante. Así como estrellas en el universo, son cada punto, cada nube de tinta, cada parte sensible y luego un todo en la obra de Alejandra Campo. Sus dibujos e ilustraciones son la muestra de un trabajo constante, dedicado y milimétricamente pensado para construir figuras que solo se revelarán al ojo atento de quién decida apreciarlos desde la distancia.

“Memorias” es la primera serie de muchas que vendrán en la obra temprana de la joven artista caleña y de una pequeña colección que se exhibirá en la cancillería de España, cuenta Alejandra. El elefante es símbolo del ejercicio de la memoria, más no del recuerdo y la remembranza, proceso minucioso y repetitivo, que en cada acción deja su marca construyendo una huella, una arruga, una evidencia de la experiencia y el paso de los años. Concepto desde el cuál se cimenta la obra y que incluso llevado a otro contexto, compone la vida misma.

Otra figura animal construye las diatribas en el planteamiento de su segunda obra. Esta vez, el búho es el protagonista y su aleteo, el causante de múltiples pesadillas al pensador, al intelectual y al artista.  La utopía de la razón produce monstruos, esos homúnculos que únicamente la búsqueda de la razón despierta y aleja, cuando te aproximas a ella con humildad y sin reverencias. Inspirada como una reinterpretación del famoso grabado de Goya, que crítico la fuerte contienda entre el empirismo y el racionalismo.

La obra surge del miedo amenazante de la alucinación y la actividad onírica del sueño frente al método científico y el proceso analítico, dando origen a la aparición del monstruo, una razón desmedida que se desborda más allá de la lógica exagerando la realidad.  El exceso de razón o la hiperracionalidad que desastrosamente conlleva a otro tipo de locura, una de la que poco se sabe y es aplaudida en la mente colectiva, esa que se desplaza a los

-gimnasios en carro para hacer ejercicio, a la que le parece lógico patentar las semillas, vender lotes en la luna y ponerle impuestos al sol. Esa misma locura que se ve representada en los tres estados del búho.
El elefante, el búho y los mil y un puntos de Alejandra Campo
La precisión en el manejo del pincel y la pluma, van marcando uno a uno, los centenares de puntos que poco a poco y sucesivamente conforman una danza difusa, un patrón infinitesimal, una mancha escueta que hace catarsis para dar origen a un ojo, una trompa y un pie, para alcanzar la totalidad y construir una imagen. En este caso, un elefante. Así como estrellas en el universo, son cada punto, cada nube de tinta, cada parte sensible y luego un todo en la obra de Alejandra Campo. Sus dibujos e ilustraciones son la muestra de un trabajo constante, dedicado y milimétricamente pensado para construir figuras que solo se revelarán al ojo atento de quién decida apreciarlos desde la distancia.

“Memorias” es la primera serie de muchas que vendrán en la obra temprana de la joven artista caleña y de una pequeña colección que se exhibirá en la cancillería de España, cuenta Alejandra. El elefante es símbolo del ejercicio de la memoria, más no del recuerdo y la remembranza, proceso minucioso y repetitivo, que en cada acción deja su marca construyendo una huella, una arruga, una evidencia de la experiencia y el paso de los años. Concepto desde el cuál se cimenta la obra y que incluso llevado a otro contexto, compone la vida misma.

Otra figura animal construye las diatribas en el planteamiento de su segunda obra. Esta vez, el búho es el protagonista y su aleteo, el causante de múltiples pesadillas al pensador, al intelectual y al artista.  La utopía de la razón produce monstruos, esos homúnculos que únicamente la búsqueda de la razón despierta y aleja, cuando te aproximas a ella con humildad y sin reverencias. Inspirada como una reinterpretación del famoso grabado de Goya, que crítico la fuerte contienda entre el empirismo y el racionalismo.

La obra surge del miedo amenazante de la alucinación y la actividad onírica del sueño frente al método científico y el proceso analítico, dando origen a la aparición del monstruo, una razón desmedida que se desborda más allá de la lógica exagerando la realidad.  El exceso de razón o la hiperracionalidad que desastrosamente conlleva a otro tipo de locura, una de la que poco se sabe y es aplaudida en la mente colectiva, esa que se desplaza a los

-gimnasios en carro para hacer ejercicio, a la que le parece lógico patentar las semillas, vender lotes en la luna y ponerle impuestos al sol. Esa misma locura que se ve representada en los tres estados del búho.
Juan José Heredia

Arquitecto de la Pontificia Universidad Javeriana. Director de proyectos de la firma de arquitectura HRD y Director editorial de la Revista Infinity Lab. Embajador de Behance Colombia (2014-2016). Ha sido profesor y conferencista de distintas universidades del país como la Universidad de los Andes, la Universidad Javeriana y la Universidad del Bosque, entre otras...

 




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