¿Qué no es una smart city?

Juan José Heredia Escrito por 

Ciudades automatizadas, sostenibles, amigables con el medio ambiente y con mano de obra robotizada ¡Bienvenidos a distopía, damas y caballeros!

 

¿Qué no es una smart city?

 

Smart city plataform ilustración por © Norbert Biedrzycki

 

En la actualidad solemos encontrar todo tipo de información referente al tema en portales, redes sociales, congresos de urbanismo y arquitectura, existe mucho entusiasmo en nuestra sociedad y de manera generalizada por parte de los medios de comunicación, quienes en su afán por informarnos sobre los más recientes avances del urbanismo y la tecnología, caen en el error de notificar una serie de noticias y proyectos desarticulados en esta materia. Es claro que al ser un tema en constante transformación aún no existe un discurso unificado en la materia, permitiendo que sea relativamente sencillo caer en imprecisiones sobre el concepto de Smart City que pueden confundirnos. 


Por esta y otras razones que describiremos a continuación decidimos publicar en este articulo un bosquejo desglosado sobre los criterios que definirán y los que NO a la planeación de ciudades en el futuro.

 

¿Que se entiende por Smart Cities?

 

En el año 2010 en la World Expo Smart City de Milán se describió a este concepto como aquellas ciudades que a través de la aplicación de las TIC (Tecnologías de la Información y las Comunicaciones) pueden proveer una infraestructura que garantice:

 

  • El desarrollo sostenible de la ciudad.
  • Un incremento en la calidad de vida de los ciudadanos.
  • Una mayor eficacia de los recursos sostenibles disponibles.
  • Participación ciudadana activa.

 


Estas cuatro líneas componen el eje central de la ciudad TIC, en realidad una proto-ciudad inteligente a la que yo llamo ‘La Optimista’, la Smart City 1.0, fue una versión llena de alegría e ideales que sentó las bases de esta revolución filosófica en el urbanismo pero que dejó a su paso muchísimos cabos sueltos, confusión y especulación a la hora de ejecutar sus principios. Pero seamos justos, no es solo optimismo puro y luminoso; este concepto de modelo urbano abrió una puerta hacia un nuevo modelo operativo y sistematizado de ciudad como no se veía desde la aplicación de la franja programática propuesta por Le Corbusier y a una escala mayor incluso que la sugerida por Koolhaas en 1998, claro está que facilitado por nuestros buenos vecinos del Silicon Valley.

  

Adiós a la ciudad jardín, hola ciudad verde vertical altamente densificada

 


Imagen por cortesía de © Midori Architects

 


Muchos suelen confundir este modelo eco-friendly de ciudad, baluarte de la sostenibilidad con el concepto de smart cities. ¿Por supuesto es sencillo confundirse, porque quién no querría vivir en una ciudad verde, frondosa llena de árboles y granjas verticales en donde se desdibujan los límites entre el paisaje rural y el urbano? Si bien el concepto de smart city se ocupa de la eficiencia de las relaciones, flujos y dinámicas de una ciudad, aún está lejos de ocuparse por resolver su eficiencia energética y ambiental aunque esta sea una de sus banderas, ¿Por qué no se da? la razón es sencilla, este tipo postura requiere de un compromiso estatal que en la mayoría de urbes del planeta no se da. ¿A fin de cuentas son solo recursos naturales, estos problemas de eficiencia de recursos se los dejamos a las corporaciones para ver qué solución nos ofrecen en unos años, no hacen parte del hacer diario de la ciudadanía, ¿cierto? así es como conseguimos “soluciones” (apuestas económicas) que deterioran territorios enteros cómo el fracking.


 

Una gigantesca meta ciudad, paraíso de lo digital y la tecnología de punta

 

'Big Data City' © Conexión Esan

 


Si bien la apertura de nuestra tecnología y los objetos comunes hacia el mundo digital nos han facilitado resolver algunos retos cotidianos, la infraestructura de nuestras ciudades aún está lejos de aprovechar los beneficios que el big data nos provee. Es cierto que apps ingeniosas como Waze aprovechan el flujo de datos ofrecidos por los usuarios en tiempo real para hacer más eficientes los desplazamientos en vehículos particulares, aún estamos lejos de llevar este tipo de iniciativas al sector público, que al final siempre llega al último.

 

La razón además de la falta de recursos, es que se requeriría equipar a la ciudad con mecanismos de medición de datos en cada uno de sus sistemas y redes. Ejemplo: sensores que midan el flujo, la cantidad y calidad del agua de un acueducto para poder procesar esta información y mejorar el servicio, en cuanto a esto por lo menos en Colombia solo contamos con medidores y registros de agua por cada predio, pero esta información es recopilada de forma manual y análoga por el operador del servicio con el propósito de facturar el consumo.


Un paso previo a la consolidación de una smart city, es la creación de un sistema sinaptico de sensores y mecanismos que pueda recolectar información e interpretarla en forma de gráficos para que esta información pueda retroalimentar las dinámicas de las ciudades. Lo que denomine en una ponencia reciente en la Universidad Javeriana como “meta-ciudad” ¿Pero qué es una meta-ciudad? Es una inteligencia artificial que se comportaría como una mente reguladora de procesos, dinámicas, flujos y sistemas permitiéndoles a los ciudadanos tomar decisiones con respecto a ella. En otras palabras: un ‘ethos digital’ de nuestras sociedades en una conversación permanente consigo misma. (A qué no la veías venir Freud)

 

Una Smart City es más que autos voladores y publicidad holografica monumental al mejor estilo de Blade Runner.

 

Si, la mayoría de nosotros los arquitectos y urbanistas amamos el cine de ciencia ficción, pero la realidad es que el futuro es mucho más sutil y prometedor que lo que Hollywood puede imaginar. Es más probable que las ciudades del futuro funcionen más como un súper organismo regulado por una central de datos, todo un bocado digno de un cardinal para los mega nerds asociados a las teorías de la complejidad, las redes y la conectividad de data centers.

 

Seguramente el cambio más visible que empecemos a notar en estas ciudades en el futuro inmediato, serán como consecuencia de la transformación de la malla vial, inicialmente en la semaforización (semáforos inteligentes) y una nueva señalética (señales de transito) adaptándose a los nuevos vehículos autónomos. Estos carros robots que se conducirán solos y que se tomarán las principales ciudades del mundo paulatinamente. Habrá algo de resistencia es verdad, así que inicialmente se introducirán en el sector del transporte de carga regional, abaratando costos de operación y nóminas por igual. —Mis condolencias señores conductores — ¡Bienvenidos a distopía!

 

'Inteligencia Artificial' imagen de archivo de © iStock Photo

 

Otro de los grandes cambios que se avecinan para nuestras ciudades, es la incorporación a gran escala del uso de inteligencias artificiales para regular algunos procesos al interior de nuestras edificaciones, paso que podrá darse una vez el costo de la domotización de viviendas sea reducido al nivel de un commoditie. Es decir se haga uso de esta tecnología de forma generalizada y estandarizada sin mayores sobre costos en su construcción. Esto si contribuiría a abrirle la puerta (doble y de par en par) a una ciudad inteligente, en dialogo constante sobre sí misma.

 

Para sorpresa de muchos futurólogos, la hibridación entre el mundo virtual y el físico esta tardando más de lo esperado. Los más osados, apostaron por un presente lleno de hologramas y publicidad en realidad aumentada; estos avances se han hecho esperar por el costo de esta tecnología, que la hace poco asequible y la velocidad flemática con la que nuestra sociedad está asimilando las bendiciones del siglo XXI.

—Hablando de velocidad, dicen las malas lenguas que los futurólogos más conservadores de Bogotá, confían en que Peñalosa termine el ‘Metro’ que alimentará a los “alimentadores” en su tercer mandato—. Todo un derroche de optimismo en materia urbanística, no joda. Y para finalizar con los desvaríos de este humilde arquitecto, —quién se divirtió mucho escribiendo esta columna de opinión—, espero haber ofrecido nuevas luces sobre los conceptos que estructuran y diferencian a una ciudad inteligente de una verdadera ‘Smart City’.

 

 

Juan José Heredia

Arquitecto de la Pontificia Universidad Javeriana. Director de proyectos de la firma de arquitectura HRD y Director editorial de la Revista Infinity Lab. Embajador de Behance Colombia (2014-2016). Ha sido profesor y conferencista de distintas universidades del país como la Universidad de los Andes, la Universidad Javeriana y la Universidad del Bosque, entre otras...

 




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